SALUDO A LAS MADRES CRISTIANAS SANTA MÓNICA CORRESPONDIENTE AL MES DE ABRIL DE 2010


Estimadas Madres Cristianas Santa Mónica: Con gusto me pongo en comunicación con vosotras después del saludo de Pascua. Me imagino que estaréis viviendo con mucha alegría este tiempo pascual porque Cristo ha vencido todo mal y con él nosotros.

Adelanto el saludo del 27 a este día 24 de abril porque hoy celebra toda la familia agustiniana la conversión de “nuestro padre san Agustín”. Es una fiesta que se celebra desde hace muchos siglos y que ocupa el segundo lugar en el rango de importancia de las festividades agustinianas.

En este día damos gracias a Dios porque escuchó las oraciones y lágrimas de su madre santa Mónica iluminando la mente de Agustín y moviendo su corazón hasta convertirlo totalmente. Por una parte, Dios disipó las ideas confusas de la mente de Agustín y por otra reorientó los sentimientos y afectos de su corazón para seguir las inspiraciones del Espíritu Santo.

Por eso, esta fiesta os atañe plenamente a todas vosotras “madres mónicas”, que rezáis día y noche por la conversión de vuestros hijos y la santificación de vuestros hogares. Si Dios escuchó a santa Mónica ¿no atenderá también vuestras oraciones?

Si la gracia de Dios se demostró eficaz en la conversión de Agustín ¿no lo será igualmente en la conversión de vuestros hijos? Hay que seguir orando, hermanas, hay que seguir creyendo en el poder del Resucitado. El Padre quiere que todos sus hijos se salven y crean en Cristo, a quien ha constituido Señor y Salvador. Es lo que más desea. Esperemos con fe la victoria de Cristo en nuestros hogares, en nuestra Iglesia.

En estos días pascuales se narra la conversión de muchas personas, entre ellas la de san Pablo. Él era un perseguidor violento de los creyentes en la Resurrección y Cristo lo derribó del caballo y lo convirtió. Todo es posible para Dios. Ahora en Pascua, debemos creer con más convicción, debemos orar con más esperanza, debemos vivir con mucho gozo y alegría pues Cristo está con nosotros victorioso. Ánimo, hermanas, en vuestra misión. El Señor nos ha dejado su Espíritu que nos consuela y empuja en todo momento. Nunca nos abandonará.

Os animo, pues, a seguir profundizando en este espíritu pascual para que la Pascua Florida de Cristo siga “floreciendo” en vuestra vida personal y familiar con frutos de santidad y felicidad. Os recuerdo que en el blog encontraréis materiales que os pueden servir para alimentar vuestra vida espiritual.

Nada más por hoy, queridas hermanas. Dios siga glorificándose en vuestra vida. Con mi estima personal, p. Ismael

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